PATTAKÍ DE IROKO, LA CEIBA

La ceiba árbol sagrado para los santeros Iroko, que con su gran altura todo lo observa, y que en sus grandes ramas majestuosamente poderosas alberga a pájaros de toda clase, como el mayimbe y sunsundamba el aura
tiñosa su mensajera y la lechuza que es justa y caritativa con sus hijos.

Vio venir en la lejanía del espacio infinito a Yemayá, Madre Universal, envuelta en

perlas azules y perlas cristalinas como el mar de las Antillas, quien no corría,

sino volaba, abrazando estrechamente a dos niños, dos meyis: los Ibeyis, hijos

amantísimos de Ochún y Changó, que eran buscados por su padre para

regañarlos por sus travesuras infantiles, y por haberle escondido el hacha

bipene a la hora de irse a guerrear contra su enemigo más temible su hermano Oggún.

Al ver a su hija fatigada y al remolino que la perseguía y del cual se escapaban

rayos y truenos, Iroko abrió su tronco y la cobijó en su seno.

Cuando Changó jadeante llegó a su tronco le suplicó que le dijera dónde se encontraban sus

hijos desobedientes para castigarlos.

Pero Iroko que conocía bien el mal genio de Changó se hizo la que no lo veía y cantó primero muy alto como un huracán;

después se fue dulcificando hasta susurrar una bella canción que hablaba de

los triunfos bélicos del orisha chango dueño de rayos y centellas.

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