NSAMBI

NSAMBI

Los congos creen en un Dios Supremo, omnipotente y omnisciente pero que no recibe culto especial. Su nombre kongo, en África, es Nzambi Mpungu. En Cuba es conocido como Nsambi, Nsambi Mpungu, Sambi o Sambia.

Nsambi es el primero y ante todo el Creador. De su mano proviene todo lo que existe y existirá. “Es obra de Sambi desde lo más chiquito a lo más grande; lo más duro, lo más blando, y lo que no se agarra, el aire, el fuego, el pensamiento. Cuanto hay aquí en la tierra, mares, ríos, montañas, árboles, hierbas, animales, bichos, y allá arriba en el cielo, el sol, las nubes, la luna, las estrellas. Todo eso y lo que no se ve y lo que no se sabe, lo hizo Sambi”. La conformación del cuerpo humano procede directamente de las manos de Sambi, quien además los enseñó a reproducirse, a alimentarse y a practicar la magia, tanto la buena como la mala. “Sambia preparó la menga – la sangre – que corre por las venas y mueve los cuerpos, les da vida, y por nkutu – por la oreja– les sopló la inteligencia para comprender”.

Nsambi vive en el cielo y cuando truena se dice que está hablando. Es un dios ocioso, un dios desde su morada rige absolutamente todo lo que existe.

“Insambi, después de realizada su obra inconmensurable, se retiró del mundo. No quiso que sus criaturas lo importunasen y se fue lejísimo, a lo último del cielo, donde nadie pudiera encontrarlo. Donde no llegan los aviones. Así quedaron cortadas todas las comunicaciones entre cielo y tierra, y establecida la distancia infinita que ahora los separa y que antes no existía a juzgar por muchos relatos. Distante, desprendido de su creación, sólo aparentemente ajeno a ella, Insambi no ha cesado de regirlo todo y continúa ordenando lo más insignificante, ‘el aire no se atreve a mover una hoja, ni vuela una mosca, ni pasa nada aquí o en las kimbandas, sin que él no lo disponga”. Es incomprensible, inaccesible e invisible, pues nadie lo ha visto desde que se jubiló; él sí lo ve todo, y como dice el refrán

congo, -percibe una hormiga en la noche- y no nos quita el ojos de encima. Sabe todos nuestros secretos “.

Ni en África ni en Cuba es el Dios supremo de los congos objeto de culto especial. Tampoco se le sacrifica: Nsambi “no come”. Pero sí se le invoca con respeto, se le saluda y se solicita su protección. En realidad el alejamiento de Nsambi dista mucho de ser absoluto. Las reglas congas de Cuba ven a su Dios como garantía final del orden y la vida en la naturaleza. Y están convencidas de que si éstos se vieran amenazados por las fuerzas maléficas, Nsambia intervendría para garantizar el equilibrio El Dios congo permite la

lucha entre el bien y el mal en el universo, pero no el predominio definitivo del segundo sobre el primero. Nsambia es, pues, el Salvador, la Divina Providencia, el “último recurso de emergencia” al que puede apelarse en caso inminente de desastre.

Del Dios congo se dice “Nsambi arriba, Nsambi abajo- Nsambi a los cuatro costados”. Movidos por el sincretismo cristiano, los practicantes de las reglas congas tienden a interpretar esa enseñanza como una indicación de la Trinidad Divina. Y así “Nsambi arriba” es Nsambi-nsulu” o el Dios del cielo. “Nsambi abajo” es Nsambi-ntoto o el Dios de la

tierra. Y “Nsambi a los cuatro costados” corresponde a Nsambi-nsaso o el Dios del Universo, es decir, el Dios que está en todas partes. Tres manifestaciones de un solo Dios verdadero.

Nsambi es el dueño de la vida y la muerte. Nsambi, finalmente, cumple la función de juez.

Tanto en la tierra como después de la muerte “…castiga a los malvados, reprueba la traición, la mentira, las faltas que se cometen con los mayores, y nos lleva la cuenta, de nuestras buenas y malas acciones”.

En la cultura Kongo se considera al mundo dividido en dos mitades: la tierra de los vivos (Ntoto) y la tierra de los muertos (Mpemba), separadas por el mar (Kalunga). En Mpemba la vida continúa, aunque de un modo diferente. Los buenos –es decir, los compasivos, los cumplidores de la ley, aquellos que han auxiliado a los miembros de su familia y

particularmente a los huérfanos– son recibidos en la puerta por sus familiares y coterráneos con muestras de regocijo y grandes festejos. A los malos, a aquellos que han sido egoístas y que han violado las prescripciones, no los aguarda nadie y hallan el umbral desierto. En el otro mundo el malvado siendo igual, ya que no existe arrepentimiento posible, y esos espíritus maléficos regresan a la tierra para causar sufrimientos. Los justos, por su parte, también visitan sus antiguas moradas, y lo hacen sobre todo para proteger a sus seres queridos

 

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