ALEJAR LOS ENEMIGOS

ALEJAR LOS ENEMIGOS

Si bien es sabido que los enemigos declarados no son los más peligrosos, no debemos desestimar ninguna opción y tenerlos a todos en cuenta, esto es, a los conocidos, a los intuidos y, por encima de ambos, a los invisibles, a aquellos que carecen de rostro, de voz y de nombre propio y que, amparándose en el anonimato, encuentran vía libre para su perniciosa intención.

El ritual que vamos a presentar a continuación ayudará a despejar nuestro campo de acción de aquellas personas indeseables que no sólo nos provocan problemas y obstáculos, sino que también entorpecen el correcto fluir de la energía positiva.

INGREDIENTES

  • 1 vela negra y cerillas de madera.
  • 1 papel de pergamino.
  • 1 raíz de ruda.
  • Tinta roja.
  • 1 aguja de coser.
  • Hilo rojo.
  • 1 puñado de granos del fruto de la granada.
  • 1 corazón de carnero o cabrito.
  • 1 cuchillo nuevo.
  • 1 pedazo de tela de saco.
  • 1 bolsa de plástico negra.

 

PREPARACIÓN

En primer lugar, escribiremos sobre la superficie de la vela y con la punta del cuchillo el nombre de la persona que consideramos enemiga.

Seguidamente, encenderemos la vela y volveremos a escribir dicho nombre sobre el pergamino, utilizando la raíz de ruda a modo de lapicero, mojándola con la tinta roja. A continuación, sirviéndonos del mismo cuchillo, haremos una incisión profunda en el corazón del carnero e introduciremos en él el pergamino en el que habremos envuelto los granos de granada y la ruda cortada en pedazos.

En el caso de que desconozcamos el nombre de la persona que nos está perjudicando, escribiremos y citaremos simplemente la palabra «enemigo».

Pediremos al poderoso Changó o a santa Bárbara bendita que aleje de nosotros a la persona que nos desea mal mientras cosemos el corazón con aguja e hilo.

Acto seguido, lo envolveremos con la tela de saco y cerraremos la magia sellándola con 15 gotas de cera de la vela negra.

Cuando la vela se haya consumido por completo, pondremos sus restos junto con el paquete hecho con la tela de saco en el interior de la bolsa de plástico.

Deberemos enterrar dicha bolsa a los pies de un ciprés tan pronto como luzca la luna nueva en el cielo.

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